Los discos de freno convierten la energía cinética del coche en calor mediante fricción. Por eso, su diseño y materiales son clave para evitar fading (pérdida de eficacia), garantizar frenadas constantes y mantener la seguridad bajo control.
A continuación, desglosamos los tres tipos más habituales:
Discos lisos
¿Qué son? Son los más comunes en vehículos de serie. Tienen una superficie completamente plana, sin ranuras ni perforaciones.
Ventajas: Buena durabilidad, bajo nivel de ruido, coste contenido y excelente compatibilidad con sistemas OEM.
Limitaciones: Disipan peor el calor en uso intensivo, pueden cristalizar más rápido si se sobrecalientan y generan algo más de polvo.
? Recomendados para conducción urbana, uso diario o coches de potencia media sin modificaciones.
Discos ranurados
¿Qué son? Incorporan ranuras superficiales talladas sobre el disco. Estas ranuras ayudan a eliminar gases, polvo y agua generados durante el frenado.
Ventajas: Mejoran el agarre inicial, previenen el glazing (cristalización), mantienen limpia la superficie de la pastilla.
Limitaciones: Pueden generar un poco más de ruido, temperatura y desgaste de pastilla, aunque mejoran la sensación al frenar.
? Ideales para conducción deportiva, coches potentes o uso en tramos con curvas o montaña.